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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Entrada # 16

¡Hola, amig@, que bueno que estás aquí de nuevo!


El problema que mencioné en la entrada anterior, que consistía en averiguar si los objetos concretos están hechos de sensaciones, contiene por lo menos tres elementos importantes: los objetos, las cualidades y las sensaciones. De estas últimas sabía que están constituidas básicamente por el movimiento de nuestras neuronas, es decir, que las sensaciones que experimentamos y la actividad de nuestras células sensitivas son una sola y misma cosa. De las cualidades o atributos de los objetos sabía que son pequeños conjuntos de sensaciones. Lo que en aquella época no sabía es que los objetos concretos son pequeños conjuntos de cualidades, éstas, como acabo de decir, están hechas de sensaciones, así que los objetos concretos no son más que grandes conjuntos de sensaciones.
  Pero, quiero aclarar apresuradamente que, según los postulados de la TAC, un objeto concreto no es, como solemos creer, lo mismo que el trozo de materia con el que está hecho. Esto significa que no es la materia en sí la que está hecha de sensaciones, sino sólo los objetos que ella constituye. 
A la conclusión de que los objetos concretos están hechos de sensaciones llegué después de darle vueltas al asunto por mucho tiempo y, al igual que en otras ocasiones, creí que era yo el primero que pensaba en eso, pero no fue así. Después supe que algunos pensadores habían considerado esa posibilidad mucho tiempo antes que yo. Se dice que Ernst Mach empezó a sospechar eso a los diecisiete años. Fue a esa edad cuando dijo algo semejante a lo siguiente: "De repente, durante un brillante día de verano, se me ocurrió que el mundo físico podía estar constituido solamente por una masa coherente de sensaciones" Con el tiempo, Mach se convenció de su hipótesis y afirmó: "Los elementos más simples con los que se construye el mundo físico, y también el psicológico son las sensaciones".
Como ves, la diferencia más importante entre mi idea y la de Mach consiste en que éste creía que absolutamente todo el universo estaba hecho de sensaciones mientras que la TAC deja fuera de esa categoría a la materia, la energía y el movimiento.
  Nos "veremos" durante la próxima entrega.
¡Gracias por tu visita de hoy!
  



martes, 6 de diciembre de 2011

Entrada # 15

¡Hoy te saludo de nuevo, apreciable amig@!

Como recordarás, en este punto temporal de mi narración estaba yo tratando de investigar si los objetos que componen el universo están hechos con algún elemento común. Pero me desvié un poco del curso de dicha narración para intentar explicarte de qué forma la TAC implica que las cosas que conocemos y percibimos no pueden ser totalmente inmateriales.
Con relación a esto último, te dije en la entrada anterior que nuestra visión depende hasta cierto punto del cambio relativo en la luz que cae sobre nuestras retinas. Aquí te diré que, al igual que la vista, nuestros otros sistemas sensorios también detectan sólo algunos cambios en la energía que los afecta. Eso significa que no podemos detectar más que ciertas clases de energía cambiante. Esto, a su vez, implica que todo lo que conocemos, incluyendo nuestras propias ideas, debe contener por lo menos un mínimo de energía. 
  La energía es uno de los elementos fundamentales del universo, por tanto, si nuestras ideas y demás cosas abstractas que conocemos contienen algo de ese elemento, no están hechas de nada, es decir, no son totalmente inmateriales. Así es como la TAC implica que todas las cosas que contiene el universo, por muy sutiles que sean contienen por lo menos una brizna de energía y, por tanto, son parte del mundo físico.
  Bien, volviendo al tema principal y para serte franco, te diré que en  aquella época no tenía idea de cómo empezar a buscar el o los componentes que los objetos tienen en común. Por eso comencé por tratar de distinguir adecuadamente entre cualidades y objetos.  Pronto descubrí que hay algunos objetos abstractos que son a la vez cualidades, como el cambio y la verdad, por ejemplo. Me refiero a que consideramos al cambio como una cosa o ente abstracto y también como una de las cualidades más comunes de casi todos los objetos concretos existentes. La verdad, por su parte, es un objeto abstracto y a la vez, una cualidad de otros objetos abstractos, esos a los que llamamos sentencias veraces.
Esta dualidad objeto-cualidad es muy común entre las cosas abstractas. Este hecho implica que todos esos objetos están construidos con los mismos elementos que las cualidades a las que están  asociados, es decir, están hechos de sensaciones. 
  Al reparar en este último dato, pensé que quizá no sólo las cosas abstractas, sino también los objetos concretos podrían estar hechos de sensaciones.   
  Se que esta idea, a primera vista, parece totalmente descabellada, pero yo sabía que en la historia de la humanidad muchas ideas así de inverosímiles han sido confirmadas como verdaderas o reales, por eso decidí indagar un poco al respecto. Para ello, además de revisar las cualidades más comunes de los objetos concretos, como el color, la forma y tamaño, analicé un poco la manera en que interactuamos con ellos.
  Por ahora ya me voy a despedir, espero tu próxima visita y te agradezco la de hoy.  

lunes, 5 de diciembre de 2011

Entrada # 14

¡Bienvenid@ amig@ visitante!


En la entrada anterior te dije que me disponía a averiguar de qué están hechas las cosas que constituyen el universo y que son susceptibles de ostentar cualidades. 
Bien, todos sabemos que existen objetos concretos y cosas abstractas. Los primeros no son más que trozos de materia que poseen algunas cualidades; las segundas son básicamente conceptos o ideas de las cuales solemos creer que son completamente inmateriales, lo cual es lo mismo que suponer que están hechas de nada.
Ejemplos de cosas abstractas son precisamente las cualidades o atributos de los objetos. Éstas parecen aparecer de la nada y, por tanto, podrían estar hechas de nada. Si tenemos unos cuantos trozos de madera, por ejemplo, -los cuales están claramente hechos de materia- y los unimos convirtiéndolos en una mesa, adquieren por ello ciertas cualidades que antes no tenían. Esas nuevas cualidades de la madera podrían ser la utilidad y la belleza, por ejemplo. Es decir, una mesa puede ser más útil y más bella que un pequeño montón de trozos de madera.
  Todos estamos seguros de que una mesa es totalmente palpable y que sus cualidades son absolutamente intocables. Esto último se debe a que las cualidades son básicamente ideas y éstas, desde lugo, son abstractas e intocables. Pero, ¿podemos estar seguros de que las cosas abstractas son totalmente inmateriales? Si revisas la lista de postulados de la TAC, que está en la entrada número cuatro de este blog, encontrarás que el postulado número cinco implica que la respuesta a esa pregunta es negativa. Esa propuesta nos dice que  en el universo no existe nada que sea totalmente inmaterial.
Esta implicación no es fácil de explicar, pero voy a intentar hacerlo.
  Nuestros sistemas perceptivos son semejantes a muchos de los detectores artificiales que se han inventado hasta ahora en que, al igual que éstos, sólo pueden detectar algunos de los cambios que sufre la energía con la cual están en contacto. Un termómetro atmosférico, por ejemplo, sólo puede detectar algunos cambios en la energía del aire que está en contacto con él. Algo muy semejante ocurre con nuestros sistemas sensorios. Nuestros ojos, por ejemplo, no distinguen nada cuando la energía luminosa que los afecta no sufre ningún cambio.
Los científicos que entienden de eso nos dicen que, mientras los usamos, nuestros ojos están en constante movimiento involuntario. Esto es así porque, como dije antes, para que podamos ver es indispensable que la luz que cae sobre nuestras retinas sufra constantes cambios y el movimiento de nuestros ojos provoca por lo menos pequeñas modificaciones relativas en esas ondas electromagnéticas.
  Creo que por el momento ya tengo que despedirme, pero seguiré con esta explicación en la próxima entrada.
¡Te agradezco mucho tu visita! 

domingo, 4 de diciembre de 2011

Entrada # 13

¡Hola, apreciable amig@!


Para empezar el comunicado de hoy te diré que, aunque no me parece que sea indispensable, voy a acatar la ya extendida costumbre de usar la palabra amig@ para dirigirme a las personas que me honran visitando este blog. Esto por supuesto, es con la intención de aludir al mismo tiempo y con una sola palabra a las lectoras y a los lectores de esta bitácora.
Bien, en la entrada anterior te dije que Berkeley modificó algunas de las ideas de Locke. Y es que aquel elaboró su sistema filosófico basándose principalmente en la obra de éste. 
El obispo filósofo estaba de acuerdo con Locke en que las cualidades secundarias son subjetivas pero no encontró ninguna justificación para creer que las cualidades primarias fuesen objetivas. Desde su punto de vista, tanto los atributos primarios como los secundarios tienen su origen en nuestras vivencias, así que, según Berkeley, todas las cualidades son subjetivas y no hay por que considerar, como lo hizo Locke, que una parte de ellas es objetiva.
David Hume fue un poco más lejos que Berkeley, pues, según este filósofo escocés, no sólo las propiedades primarias y secundarias de los objetos son subjetivas, sino los objetos mismos también.
   Volviendo a la historia de la TAC, te diré que fue hasta que me convencí de que mi hipótesis era correcta que pensé por primera vez en aprovechar ese descubrimiento para hacer alguna teoría. Pero en aquella época yo estaba  más interesado en la física teórica que en la filosofía, así que dediqué cierta cantidad de tiempo a buscar una manera de colocar aquel dato en la base de una teoría física. Pero cuando vi que eso no era suficientemente práctico, retomé la línea de razonamiento filosófica.
¿Cuál fue mi siguiente paso? Bueno, acababa de descubrir que las cualidades de todos los elementos que constituyen el universo están hechas básicamente de sensaciones, pero, si quería elaborar una teoría filosófica, aún debía averiguar de qué están hechos los objetos que ostentan esas cualidades.
En aquella época -como seguramente te ocurre a ti ahora- yo creía que el universo está hecho de cosas abstractas y de objetos concretos,  que éstos están hechos de materia y aquellas, de NADA, es decir, que las cosas abstractas son completamente inmateriales.
Seguiremos este tema en la próxima entrada. 
¡Muchas gracias por tu visita! 

















sábado, 3 de diciembre de 2011

Entrada # 12

¡Me da gusto que estés aquí de nuevo, apreciable amig@!


En la entrada anterior te dije que las cualidades secundarias de los objetos se perciben por medio de la consciencia, mientras que los atributos primarios se detectan inconscientemente. Ahora te hablaré de otra diferencia que existe entre ambas clases de cualidades. Esta diferencia consiste en que las cualidades primarias están hechas con sensaciones provocadas principalmente por estímulos externos, mientras que los atributos secundarios están formados por sensaciones que tienen su origen básicamente en estímulos internos. Pero lo importante aquí es que quede bien claro que tanto las cualidades primarias como las secundarias, es decir, la totalidad de los atributos de los elementos corpóreos y de los inmateriales están hechos de sensaciones.
Esto, por supuesto, significa que todas las cualidades de todos los elementos que componen el universo no están en los objetos que las ostentan, sino dentro de nuestra consciencia. Es decir, que mi hipótesis, la cual, como recuerdas, dice que las cosas que constituyen el universo carecen totalmente de cualidades propias, es correcta.
Este pequeño descubrimiento me hizo sentir orgulloso por algún tiempo porque pensé que nadie antes que yo había llegado a esa conclusión. Pero luego me di cuenta de que hacía muchos años que algunos filósofos habían desarrollado ideas muy semejantes a la mía.
  Entre dichas ideas voy a mencionar las del inglés llamado John Locke. Este filósofo dividió las cualidades de los objetos en primarias y secundarias. La extensión, la forma, el movimiento y la impenetrabilidad son ejemplos de cualidades primarias. El color, el olor, el sabor y la temperatura son ejemplos de atributos secundarios. La principal similitud que existe entre las ideas de Locke y las mías se refiere a las cualidades secundarias, ya que ambas teorías implican que dichos atributos secundarios son subjetivos. Sin embargo, las cualidades primarias seguían, según Locke, siendo propiedades inherentes a los objetos. 
  George Berkeley tomó las ideas de Locke y las modificó, pero de eso hablaremos en la próxima entrada, así que por el momento ya sólo te diré ¡Hasta entonces! y ¡Gracias por tu visita!   

viernes, 2 de diciembre de 2011

Entrada # 11

¿Cómo estás hoy, apreciable visitante?


Como recordarás, en la parte de la historia que te estoy narrando yo estaba tratando de confirmar o refutar mi hipótesis, la cual dice que los objetos que constituyen el universo no poseen cualidades propias. Descubrí que el color, que es una cualidad muy extendida entre los mencionados objetos, está básicamente hecho de sensaciones.
Después de eso, la pregunta lógica era: ¿constituirán las sensaciones la  materia prima de todas las cualidades? 
Para tratar de investigar eso, empecé por examinar los atributos que consideré más sencillos, es decir aquellos que tienen relación directa con nuestros sentidos como el olor, el sabor, y el sonido. 
Lógicamente, pensé que si resultaba que estas otras propiedades de los objetos eran, al igual que el color, sólo interpretaciones de nuestro cerebro, eso significaría que también estaban hechas de sensaciones.
Y, efectivamente, el olor, el sabor y el sonido resultaron ser sólo interpretaciones escefálicas o reacciones de nuestras neuronas. En el caso del olor, por ejemplo, las células olfatorias reciben los estímulos químicos provenientes de las sustancias volátiles que entran en nuestra nariz, esos estímulos se transforman en impulsos nerviosos y viajan hasta los centros olfatorios de la corteza cerebral, ahí son procesados e interpretados.
Basado en estos datos, tiempo después calculé que, por el sólo hecho de que esa zona de nuestra corteza se active, experimentamos ciertas sensaciones a las cuales llamamos olores. A las sensaciones que experimentamos cuando se activan otras partes de la corteza las llamamos sabores, sonidos, etcétera. Así, fue fácil deducir que el color, el sabor, el sonido y demás cualidades, a las que podríamos llamar "primarias", están hechas de sensaciones. Pero, ¿que hay de las cualidades que no se experimentan directamente, como la belleza o la bondad?
A estas últimas cualidades podríamos llamarlas "secundarias", ¿por qué? Porque son más artificiales -si eso es posible- que los atributos primarios, y es que, para experimentar alguna de las cualidades primarias, como el olor, por ejemplo, sólo debemos exponernos a algunas moléculas de las que llamamos odoríferas y percibiremos algún olor, aunque no sepamos identificarlo. En cambio, para percibir la bondad, por ejemplo, debemos contar con los antecedentes apropiados. Podríamos decir, aunque no sea del todo exacto, que las cualidades primarias las percibimos inconscientemente, mientras que para detectar los atributos secundarios necesitamos el auxilio de nuestra consciencia.
   Por el momento ya tengo que despedirme.
¡Muchas gracias por tu atención! 


      

jueves, 1 de diciembre de 2011

Entrada # 10

¡Te saludo de nuevo, apreciable visitante!


En la entrada anterior te dije que los elementos que componen el mundo carecen de cualidades. Pero, ¿a qué cualidades me refiero? A todas, absolutamente todas las cualidades en las que puedas pensar.
Con algunas de esa cualidades suele resultarnos fácil entender que no pertenecen realmente a las cosas que las ostentan. Es el caso de la bondad y de la maldad, por ejemplo. Hasta solemos decir que las cosas no son buenas ni malas por sí mismas, sino sólo diferentes.
Solemos aceptar fácilmente que la bondad y la maldad son relativas, es decir, que las cosas son buenas o malas solamente unas con relación a otras, pero, hay cualidades que no parecen tan fáciles de separar de los objetos a los que están adheridas.
El ejemplo que se me ocurre en este momento es el color, éste es una cualidad que parece pertenecer a las cosas que la ostentan. No me refiero a este a aquel color, sino al color en general, y es que, los objetos pueden cambiar fácilmente de color, pero es difícil que dejen de tener alguno. Podemos dividir un trozo de materia una y otra vez y esta conservará siempre algún color.
Esto último me indujo a pensar que el color podría estar unido de manera inseparable a la esencia de las cosas.
Luego, pensé que el color no adherido a los objetos, sino a la luz que nos ayuda a verlos. Eso me hizo recomenzar mis razonamientos. Después recordé que la luz también es un objeto, lo cual implicaría que algunos de éstos, como la luz, sí tienen color, etcétera.
Este estira y afloja me mantuvo ocupado durante unas cuantas semanas, pero luego se me ocurrió preguntarme: ¿de qué está hecho el color? 
Busqué la respuesta aquí, allá y acullá, hasta que concluí que esa cualidad que poseen casi todos los objetos materiales del universo está hecha de sensaciones. 
¿Cómo justifiqué esa conclusión? Sobre eso sólo sé que me valí de algunas opiniones científicas, aunque no recuerdo con exactitud cuales fueron éstas. Sin embargo, hace poco leí en la magnifica enciclopedia virtual llamada Wikipedia cierto artículo científico que podría servir para justificar mi deducción. Me refiero al siguiente escrito: "Todo cuerpo iluminado absorbe una parte de las ondas electromagnéticas que recibe y refleja las restantes. Parte de las ondas reflejadas pueden ser captadas por nuestros ojos e interpretadas por nuestro cerebro según las longitudes de onda correspondientes".
Como ves, este párrafo nos dice claramente que el color no es precisamente la energía luminosa que golpea nuestras retinas, sino más bien, la interpretación que el cerebro hace de esa energía. Más correctamente, el color es la sensación que aparece en nuestro cerebro cuando éste reacciona ante la luz que toca nuestras retinas.
   Bien, por el momento vamos a interrumpir la historia de la TAC, pero cotinuaremos con ella en la próxima entrada.
¡Gracias por tu visita!